NORITA ESCRIBE ….

                                                              NORITA ESCRIBE 

                                               (©Nora Casali)                 

    -Norita, te espera la abuela.

    Siempre era una fiesta. Mi abuela, anciana pero corpulenta, pelo blanco y casi rapado, en cocoliche o con silencios...ir con mi abuela Lucía siempre era una fiesta.

   Podía esperarme por varias razones: porque vivíamos cruzando una calle, porque había que hacerle un mandado, porque precisaba ayuda para llegar a la terraza a atender ropa, porque me invitaba a tomar mate con bizcochitos Canale.

   O bien: ( tarea mensual y más difícil) había que escribir una carta con destino a Buenos Aires. La abuela casi no sabía escribir escribir. (El abuelo tampoco, salvo leer muchos periódicos y poner unas firmas): pero esa carta era cosa seria, por varias razones.

   Una: mi abuela era casi ciega por avanzadas cataratas.

   Dos: mi abuela era marchiggiana y hablaba un cocoliche imposible de escribir...

   Tres: las cartas a Buenos Aires iban dirigidas a la tía Merise (América): su sobrina dilecta, soltera, mayor que todos mis tíos.

   Y CULTA. 

   Cultísima, profesora Universitaria en el Instituto Bernasconi, formada en varios idiomas, viajera de varios países, lectora e interlocutora en cualquier especialidad; elegante hasta lo fastidioso de la meticulosidad. Prolija y especial al punto de escribir cada cosa simple o extensa, utilizando una regla de referencia y apoyo: y exhibiendo una caligrafía propia de dibujante fileteador.

    Dicho lo cual: casi nadie de sus primos bahienses - menos estos abuelos- se atrevían a enviar las noticias familiares, salutaciones y cortesías de afecto a la querida Merise que veíamos una vez por año en sus vacaciones.

    Y allá iba Norita feliz, a pedido.

    En la inocencia despojada y la frescura de la infancia, a escribir las cartas tal cual las dictara la abuela Lucía. 

   Con lo cual, quedaba textual textual un idioma que sólo nosotras y la tía Merise (desde su inconmensurable amor y tacto, además de gran poder de deducción) podíamos entender. 

    A saber: "Come estai? Cui, tuti bien. Fa caldo, pero migliore porque habrá buena cosecha" Etc. Ni castellano, ni italiano. Norita obedecía al dictado, propiamente con transcripción fonética. Las cartas salían puntuales con todas las novedades de salud, climáticas, de boletines escolares de toda la parte infantil. En fin, cambios de autos si los hubiera en algún familiar, y rutinas desde Enero a Diciembre.

   Luego pausa...porque Merise viajaba en tren, cargada de regalos para grandes y chicos. Cada cosa con su tarjetita escrita en caligrafía bajo la regla y estilo.

     Una paquetería su presencia. No hacía diferencias entre sus sobrinos segundos. Su única prima mujer era mi madre y a veces compartímos días en casa; otros, se iba al campo de los tíos, sus primos varones y esposas.

     Yo la miraba con veneración. 

     Y con curiosidad...   

     Cada vez que llegaba, me abrazaba con guiño cómplice y me decía: -"Leí todas tus cartas!. Gracias por las noticias!"- 

    Pero no percibía mi desencanto. 

    La tía Merise leía, pero nunca había respondido una carta. 

    Nunca...

    Nunca.

   Tener una carta de ella hubiera sido magnífico! Algo casi excéntrico, de colección.

    Más o menos se fueron repitiendo las novedades, según estaciones del año. Se agregaron noticias tristes, como muerte del abuelo; y pésames a Merise por la muerte de su madre. Quedaba ya sola, porque su padre había muerto siendo muy joven. En este punto, reconozco que si sigo la línea temporal del relato de mis funciones de corresponsal, esto debería expandirse en algo complejo y sumatorio semejante a la Notación Sigma en Matemática, sin el alcance de un Polinomio de Taylor (cosa que entiendo adecuada acotación, pero no es mi fuerte como para explicar), porque con el tiempo, yo además leía a los abuelos las cartas llegadas desde varias ciudades de Italia – secuencia de idas y vueltas con respuestas- y luego esto era contado en versión extrapolada y reinterpretada en las cartas a Buenos Aires, a la tía Merise.

    De ese modo, ella tenía un panorama global de Bahía Blanca y de Italia (anche de España, por vía de mis intercambios con Doña Casilda, comadre de mis abuelos, instalada allá por largas temporadas). Sumatorias epistolares adaptadas a mi criterio, según inspiración, tiempo y ganas.

    Y los años mostraron leves cambios en esa correspondencia ( no era "correspondencia" en su sentido literal, pues no eran respondidas, pero eran cartas que viajaban por correo...). 

    Un pequeño  cambio, fue que aún de corta edad pero avanzando unos grados en la escuela, permitía la osadía de modificar por instinto las palabras mal dictadas por la abuela: ya las frases se escribían por completo en castellano y casi sin errores de ortografía. Lo mismo hacía con las cartas leídas en italiano. 

   Otro detalle -no menor- fue que ya agregaba a la carta por encargue, otra mía hecha en casa, contando a gusto y piacere mis temas de escuelas, nuevas amistades, peleítas con mamá, estreno de ropas, avances en lecciones de piano, alguna película vista o libro leído.

     Nuevos veranos, nuevas visitas de la distinguida tía. Hasta que falleció la abuela Lucía. Yo tenía veinte años...

    Estudios, trabajo, novio, amistades; pero con ella se fue mi mejor amiga de toda la vida. Por complicidad, sabiduría, simpleza y bondad. 

   Por afecto y costumbre, una vez al mes continué mandando mis cartas muy extensas a tía Merise. Pero ella no volvió a pasar sus veranos acá al no estar ya vivos sus tíos ancianos. 

     Sus primos - mi madre y hermanos- le hacían cada tanto una llamada de larga distancia. Yo escribía por las mías, con regularidad de un imperativo que me gustaba cumplir. Es decir, para expresarlo con claridad : yo casi MONOLOGABA . Pero con sabor a “  que sabés que acá siguen pasando cosas , y me reporto”….

   Siguió la vida su curso: casamiento, trabajos, mudanza temporal a Italia, desde donde siempre le envié noticias regulares y fotos. Regresamos luego de más de un año, un frío día de invierno en barco: y entre otros familiares que nos esperaban desde hacía horas en el Puerto de Buenos Aires, estaba la tía Merise, un poco anciana y enferma, pero feliz de verme y abrazarme. 

    Cenamos todos en un restaurante, muy contentos por el reencuentro. Y yo retornaba a Bahía Blanca al día siguiente.

     No sabía que la tía estaba en el punto terminal de una grave enfermedad: luego me lo contaron al llegar a mi casa. No supe más que las instancias tristes, donde sus primos viajaban - turnándose- para acompañarla hasta el final. 

    Internada y grave, no soltaba en la cama su cartera, donde guardaba "cosas importantes". Nadie nunca las vio. 

   Partió de este mundo sola, como todos lo haremos...Más sola creo, sin hermanos ni hijos, sólo sus afectos lejanos y sus vivencias que iban con ella. 

   Sin bienes en su haber, más que el departamento pequeño del que dispuso antes de morir. Algunas pieles que gustaba de usar, y los sueldos invertidos en viajes y en libros y colecciones de discos de muy buena calidad. 

     Mi vida seguía otros caminos...Un hijo, otra hija.. Trabajo... la juventud pujante y los compromisos con agenda.

     Un día - más o menos por el año 1980- mi madre recibe un llamado desde una escribanía de Buenos Aires, donde solicitaban mi presencia. Había algo, que por expresa petición escrita en Testamento, me debía ser entregado "en mano".

    Mi limitada madurez, o escaso interés y tiempo ( no puedo definir hoy) hizo que le respondiera que era imposible hacer ese viaje!. Tenía además reposo absoluto por otro embarazo. Pasaron los meses y hubo otro llamado. Ya era una obligación dar respuesta al tema. Propuse enviar a mis padres , con Poder Legal para retirar lo que estuviera a mi nombre en custodia en dicha escribanía. 

    No existía expectativa ni vaga idea de nada. Sólo cumplir con un trámite que ya despertaba cierta curiosidad. 

   Viajaron mis padres...Regresaron sin palabras... 

   Y me entregaron un estuche de seda roja con un escudo dorado.

   Me dijeron: -"Abrilo-"

    Y desde luego, escribo esto llorando... La tia Merise había redactado un Testamento sabiendo de su estado terminal. Iba en su cartera, con un grueso atado de cartas antiguas, de letra infantil e insegura.

 Nunca leí sus frases textuales; no vi su letra con inclinación perfecta y con mayúsculas llenas de arabescos, porque permanecieron en los Actuados de una escribanía porteña. 

    Pero, más o menos me repitieron mis padres lo leído: "Mi alhaja más valiosa para Norita; que durante veinticinco años no dejó de escribirme, de hacerme sentir próximos  a todos mis seres queridos y lejanos. A pesar de nunca haber tenido respuesta. No pasó una quincena en la que al llegar tarde a mi departamento, mi vida no tuviera sentido y se acelerara el corazón, al ver un sobre con su letra debajo de la puerta. Para Norita, mi mejor alhaja, mi amor y mi agradecimiento infinito"   

     Lo quise escuchar varias veces en esos días, para atesorar  las frases y el sentido del mejor modo. Nunca las olvidaré. 

    Tengo una pulsera de oro, de un valor incalculable. En forma de cinturón, gruesa y pesada, maciza y exclusiva en su diseño: su hebilla ( la que imita la hebilla gruesa de un cinturón) tiene engarzados veintiséis brillantes...

    Nunca tuve una carta de tía Merise. Tampoco leí su preciosa letra escribiendo ese último deseo pensando en mí, porque quedó archivado en un Protocolo Notarial.

     Sé que se puede escribir bien o mal; pero sé absolutamente que también  se puede amar por escrito.

    Yo lo hice por años y años... Tal vez cuando presento algún libro con mis cuentos o novelas, vean en mi muñeca una pulsera valiosa.

     Merise va e irá siempre conmigo entre palabras y renglones...

    Por ella tomé una lapicera  a los seis años, y nunca más me detuve. 

                                                                                               (©Nora Casali)


   


Comentarios

  1. Me hiciste llorar!. Que hermoso final, no por la pulsera, sino saber lo importante que fueron tus cartas para ella. MM

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    1. LLoré al escribirlo .Me sucede igual con el relato "QUÉ SE DICE?",revivo la misma emoción del momento. Fue fuerte, y valioso. Como si fuera una respuesta "del más alla".

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