PIAGET TENÍA RAZÓN

                                   PIAGET TENIA RAZÓN

                                            (©Nora Casali) )                                                               

    Durante  mis años como Profesora Jardinera, luego Directora de Jardín de Infantes, tuve tantas vivencias gratificantes y felices como esa profesión augura: trabajar con niñitos en su más tierna edad, corroborar esa inocencia y bondad innatas - creo que la maldad se aprende - fue transitar momentos hermosos, ver logros en sus etapas madurativas, ayudarlos a descubrir habilidades y técnicas. Fue también enseñar normas de orden, calma, respeto, espera de turno.

    Sobre todo, la enseñanza preescolar promueve el valor de la naturaleza. conocer y experimentar sobre animalitos y plantas, compartir alegrías con visitas de mascotas hogareñas, etc.

    Hay innumerables tareas que se despliegan en pos de un desarrollo armónico de esa niñez, y para eso la formación debe ser sólida y con nutridos componentes en las materias. Nadie diría hoy, que los niños van al Jardín " a jugar"... y que las docentes no hacen nada... Muy por el contrario, es compleja la planificación, formulación de objetivos y preparación de material atractivo , dada la situación de cambio constante en los alumnos acorde a su edad y desarrollo, todo evaluable en la salita con numerosas actividades.

    De todos modos, muy lejos quedó en mi vida esa vocación y tarea; y no inicié este relato para describir lo que es la profesión o formación de una Profesora Jardinera. 

     Más bien, deseo mostrar otra faceta, esa que no es tan agradable y mucho menos imaginable en medio de una actividad docente. Cosas que pueden suceder una vez en la vida, o nunca!!... pero cuando suceden, conmocionan.

     Es preciso, sin embargo situar el contexto de edad de mis alumnitos, a mitad de 1984.  Salita de cuatro años. Avispados, contestatarios, edad del repetido "por qué?" en todo momento, y la etapa en que el protagonista de cada aprendizaje es el aprendiz ( no su maestro). La capacidad del docente radica entonces, en saber perfectamente en qué etapa del desarrollo cognitivo se encuentra su alumnado. Jean Piaget , desde su enfoque, sentó siempre las bases de nuestra formación al respecto, determinando claramente las cuatro etapas del desarrollo cognitivo.

     Vuelvo a ese día, de 1984, en la Salita de cuatro años.

     Casualmente, mi tarea docente se había iniciado en ese mismo Jardín Num.1, de calle Juan Molina al 600. Luego pasé por otros establecimientos.. Y cerraba mi ciclo como jardinera, por razones familiares en ese año 1984, en el mismo Jardín donde comenzara con tanta ilusión como nervios en 1969. 

    Capítulo aparte seria describir la belleza de ese edificio imponente, casi palaciego, una histórica casona distinguida tipo castillo de Walt Disney ( hasta con torres y columnas), que por su forma y distribución, era totalmente luminoso en cada ambiente, y alejado de la vereda, rodeado de importante parque con árboles, arbustos, canteros y rosales.   

    Sobre el final del horario de la tarde, luego de la merienda, luego de ordenar juntos materiales usados, luego de hacer un ratito :"La lechuzaaa, la lechuzaaa, hace chissst, hace chissst..." ( canción que de a poco llevaba a todo el grupo a "fase casi Zen" o sea de serenidad ) me disponía a contar el cuentito antes de la despedida. 

    Todos en el suelo, en una rueda, sentados como indiecitos, comencé el cuento. " Había una vez.." ( no recordé jamás qué cuento tenía preparado esa tarde)... Una niñita preguntó si podía ir al baño, cortando  la magia. 

   Tuve que recomenzar...

    Un niñito interrumpió para contar a los gritos que esa tarde vendría a buscarlo el abuelo y estaba contento. Otra interferencia... 

    Y nuevamente "Había una vez... con algún párrafo más", cuando se desploma la torre de cubos de madera al apoyarse hacia atrás uno de los inquietos habituales. Me cuestioné interiormente, si estaría perdiendo mi capacidad narrativa, o la de captar el genuino interés de ese grupito sentado a mi alrededor, pero sin poder desarrollar mi cuentito..

    Cuando ya logré avanzar con todas las miradas atentas - yo pensaba que todos me miraban a mi, pero NO!!- en medio de una frase importante , el niñito que no me miraba a mí, sino que espiaba  por la ventana al patio dice:

   -"Seño, pasó Martínez volando, con las palomas"-

   Aclaración pertinente: en el Jardín trabajaban dos señores Martínez: uno, el tradicional auxiliar oficial (antes se denominaba "portero del establecimiento"), quien cumplía con la limpieza y hacía la merienda. Brindaba sensación de hogar cuando de la pequeña cocina se iban impregnando salones y pasillos con el exquisito aroma de su café para docentes y leche chocolatada para alumnos. Además, hacía tostadas impecables, y era infaltable la choriceada  a su cargo, durante festejos patrios.

    El otro Sr Martínez, era contratado por la Cooperadora para mantenimiento de jardines exteriores, podas, reparaciones varias.

   Una de sus frecuentes tareas, era espantar palomas o pajaritos cuando había semillas o plantitas recién sembradas en canteros. Solía correrlas por todo el patio con largos rastrillos o plumeros. Vaya, la fantasía del niño!! al ver el penacho alto del plumero pasar velozmente, atribuirle condición de vuelo!!

    Se colmó mi paciencia!!. Resulta que mirar al jardinero, era más interesante que seguir el cuento??. Me levanté, y dirigiéndome a la ventana, comencé a entornar un poco las altísimas persianas...Pero cuando miré casi automáticamente al exterior, cerré bruscamente todos los ventanales, dije a los niños, "Pórtense bien un ratito "... y a partir de allí todo fue tan vertiginoso que del mismo modo lo revivo: no puedo imaginarlo en escenas pausadas, todo es una vorágine de hechos, gritos, y reacciones.

      Entré a la Dirección y pude balbucear dos frases:

    - Llamen a una ambulancia 

    -Manden una preceptora a mi salita. Acompañaré al herido...

   En minutos, la escena evocada ya siguió en una ambulancia. Esa sirena estridente, los dedos embarrados de Martínez clavando sus uñas en mis brazos que lo sujetaban para que no se toque la pierna desprendida cual marioneta desarmada. Gritos espantosos salían de su boca, y por mi parte, tratando de calmarlo, limpiaba su frente transpirada, y le preguntaba si sabía rezar. Él lloraba y negaba con la cabeza.

    Entonces, yo que siempre iba a Misa y siempre rezaba con naturalidad, sentía que por nervios, no podía recordar una oración .. y le decía: 

-"Repita conmigo: Santa María, madre de Dios... "-( y allí volvía a decir lo mismo, como disco rayado,  porque ni el Ave María entero me salía). Fue un trayecto de terror, una instancia de angustia y de sentirme inútil frente a tanto sufrimiento físico en ese hombre.

    No recuerdo como lo bajaron en el hospital.

    No recuerdo el cuento que estaba contando antes...

   No recuerdo quién me esperaba en el Jardín ya vacío cuando regresé en taxi a buscar mi cartera y mochila con materiales  e informar a la Directora lo que podía..

   Sólo sé que cuando el taxi dobló la esquina y aminoró la marcha para dejarme frente al edificio, miré la torre más alta.

    La torre altísima, desde donde se había desplomado en caída libre Martínez, espantando palomas del mirador; y allí  sí recordé la frase literal de mi alumnito: "SEÑO, PASÓ MARTINEZ VOLANDO CON LAS PALOMAS"..

    Recordé la exacta Etapa Pre operacional de Piaget, donde el pensamiento mágico se une a la asociación simple de lo visto y usa la información recibida con la idea literal para formular una conclusión.  

     "Martínez pasó volando". Piaget tenía razón. (Y mi alumnito también.

                       (©Nora Casali )     

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    No hay vez que transite por la calle Juan Molina al 600, sin detenerme un poco para admirar ese jardín y recordar el evento de tantos años atrás.

    Realmente, me remite a Walt Disney;  al final todos los cuentos en sus bellos palacios, no siempre desarrollan historias románticas y bellas. Algunas, son escenarios de suspenso y hasta de terror!


  Les recomiendo vivamente abrir el enlace que lleva a Youtube, donde verán la historia y esplendor desde los inicios del edificio The Tower (luego Jardín de Infantes Num.1, Almafuerte)

  

https://youtu.be/bHD-r9WonRo?si=xyh_guU1Wtqfyw

 





 


Comentarios

  1. Continúa lo preanunciado en los anteriores, señal que vendrán otros tan buenos como el presente...

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  2. Agradezco mucho tu calificada crítica!... Das buenas señales que siempre alientan. Algo parecido a leer: "Continúa así, que pasas de grado".

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