YO CREO EN LOS REYES MAGOS.
YO CREO EN LOS REYES MAGOS
(©Nora Casali )
La infancia, ese país de tanta regiones. Con tantos climas emocionales; y tantos soles y sombras como cada niño/a las viva. Unas de las regiones sagradas, si se transmiten por vía familiar o comunidad donde se habita - como en mi caso- son las tradiciones de Navidad y sus regalos, los cumpleaños con celebración, la Primera Comunión si se practica la religión Católica , y la Fiesta de quince años ( con permisos nuevos a partir de esa iniciación en la juventud.)
Por otra parte, están las costumbres mágicas de esperar al Ratón Pérez que se lleva los dientitos de leche, pero deja dinero a cambio; y los Reyes Magos, que pasan el 6 de Enero dejando regalos y su previo ritual de zapatitos en espera y alimentos para sus camellos. Esto último viene precedido, días antes, del envío de cartitas a Gaspar, Melchor y Baltasar, contándoles de la buena conducta anual -ejercicio rápido de memoria bastante miope, distraída, o directamente inescrupulosa- luego de lo cual se le solicita el regalo deseado.
Para abreviar, iré aclarando que de todas esas cosas, lo que recuerdo haber celebrado es algún cumpleaños infantil, mi Primera Comunión.......
y algún cumpleaños infantil, mi Primera Comunión....
y algún cumpl... en fin: no más que eso.
El resto, te lo debo....(diría el refrán)
Tampoco significa una infancia traumada, ni descuido en el afecto de mis padres: eran tiempos donde muchas cosas no estaban igualmente naturalizadas en todos los hogares. Década del cincuenta... se hacía "lo normal" en nuestra sociedad y familia: respetando los cumples de los niños, y la preparación de Catecismo para Comunión por ser católicos.
Ahora bien: estando todo el verano en el campo, y sin acceso a televisión, vidrieras, publicidades insistentes, ya la cuestión Navidad era otro tema. En la ciudad, desde la primera semana de Diciembre - no antes- comenzaban a engalanarse vitrinas de comercios céntricos con algunas luces y el hermoso arbolito de Navidad de dimensiones normales, sin Santa Claus, pero con Pesebre, respetando el origen religioso de la tradición.
En la ciudad, la Navidad comercial era : exhibida, publicitada, celebrada musicalmente con villancicos y con sorteos importantes a compradores de regalitos. Estreno de ropas elegantes, y planes de grandes reuniones familiares.
En el campo, la Navidad no era...
Existía en algún otro lado, sobre todo para enviarles y recibir tarjetas con salutaciones que llegaban un mes más tarde. Existían en los relatos del Reader´s Digest que leíamos, y se veían fotos y artículos de ostentosas fiestas navideñas en yanquilandia.
Mis intenciones más ambiciosas fueron siempre pedir que me corten una rama de pino o tuya, o ciprés lambertiana para poner en un tambor vacío con barro. Al no ser la punta del árbol, mi arreglo consistía en un arbolito de dos dimensiones, casi plano, pero era un arbolito real !!!.
Venía la enorme faena de recoger cada atado vacío de cigarrillos de padre y peones (gran disgusto al descubrir que muchos peones se armaban sus puchos con papelitos y tabaco suelto).ALLÍ, DEL PAPEL PLATEADO NI NOTICIAS!!
Pero con tres o cuatro atados vacíos de mi padre, más algunas tabletas de chocolate Águila para taza, a las cuales sacaba el impecable envoltorio de papel aluminio, ya tenía para hacer muchas estrellitas y campanitas de doble faz. Doble faz significaba hacer engrudo con harina, y pegar las partes iguales. Casi como ahora.... (O no?)
Los globos brillantes eran reemplazados por huevos de gallina, de pavo y de palomas ( los diferentes tamaños conferían gran atractivo): huevos que eran vaciados con los clásicos agujeritos en ambos extremos al soplar y sacar el contenido en un jarro para hacer tortillas o lo que fuera.
Un primor los huevos decorados con pintitas de labial de mi madre, más tiritas de papel plateado, y algunas guardas hechas con tizas de colores mojadas.
Mención especial las flores rojas de estrella federal, que recortaba del papel encerado en que venían envueltos los panes dulces comprados semanas antes. Daño colateral: quedando agujereados los envoltorios por los cuatro costados, se presentaban quejas en su momento por la sequedad del único manjar que se comía por Navidad ( además de la ensalada de frutas, nueces enteras para martillar un rato, y peladillas durísimas!!)
Pero ya iba tomando color y pinta de real arbolito navideño...un sueño hecho realidad. Si en la herrería encontraba rastros de cadenitas cortadas, tornillos o tuercas brillantes, allá iban a mi obra maestra! Faltaba lo más importante: la nieve tradicional.
Por ese entonces, a menos de una semana de cortada la rama, comenzaba a amarillear, pero con "la nieve" se ocultaba el detalle. Y allá iba con todo sigilo al botiquín del baño -sin pedir permiso porque ya conocía el "no"- a robar el tremendo paquete de algodón Estrella... y sacar mechas, mechones, jirones, pompones, tiras, flecos, hasta que el paquete quedaba vacío. Y yo me disponía a la reprimenda, y a rogar por dentro que nadie se lastimara o le sangrara la nariz; o necesitara de primeros auxilios, porque el algodón de reserva se había convertido en "nieve".
De paso, al declararse tácitamente el robo de paquete de algodón - a la vista en el árbol del living- mencionaba "como quien no quiere la cosa" que los treinta adornitos elaborados con paciencia y amor habían sido colgados con el hilo (doble, además ) de coser de mi madre. Único carretel blanco de calidad que tenía para todas las emergencias en costuras.
Siendo época de cosecha cerealera, la Nochebuena pasaba sin pena ni gloria, todos en la cama a las 22 hs. Al día siguiente, en horas de merienda y mate cocido, se repartía pan dulce. A la noche una sidra, más pan dulce, nueces, turrón tradicional y algún budincito casero.
El Año Nuevo solía llegar con más alegría y algún corderito asado, si había terminado el trabajo fuerte. Si no..... no parecía haber cambiado de año, salvo que colocaban un nuevo almanaque de taco gordo, regalo de la Cooperativa Agraria.
{Acotación que viene al caso: ese taco gigante de almanaque, año a año fue base de gran parte de mi cultura general, porque detrás de cada papelito del día que se iba cambiando, estaba escrito el Santoral, y una frase célebre o aforismos y máximas de algún escritor, filósofo, pensador, político de la historia, refranes populares, etc.}
Y así, sacando papelitos, llegamos a la fecha del 6 de Enero.
AHH!!!! ese misterio de los Reyes Magos!!!....
De muy chiquitos, no teníamos noticias de los Reyes... ; luego, mi hermano mayor "me avivó" del tema de la cartita con el pedido, el tema de los zapatitos en la ventana, el pastito fresco y el bowl con agua fresca.
PEROOOOO!!! ( siempre hubo "peros" en este sentido)...era mucha incógnita y zona nebulosa la llegada de los Reyes por allí. Era confuso el asunto!.. A veces, quedábamos con los zapatitos vacíos, sin explicación alguna. (La vida misma, cal y arena; total ahorro de psicología infantil...)
Otras veces, desde la noche anterior nos prevenían de su ausencia...para no quedar con los zapatitos en espera:..." que al no haber aún ruta, los camellos no reconocían el camino vecinal de tierra, se extraviaban o no les darían los tiempos."
MUY RARO!!!!!...¿No era que los guiaba una estrella brillante y que iban de casa en casa durante toda la noche?.. MUY RARO!!!
En otra ocasión, dejaron un chocolatito Milkibar -blanco- con una cartita ( letra que resultaba algo familiar) diciendo que el regalito estaría en nuestra casa de Bahía Blanca, para cuando regresemos de vacaciones. MUY RARO!!! ... si en esa casa nadie había puesto zapatitos..!!
Así las cosas, siempre supimos que el Día de Reyes era el 6 de Enero. De allí a creer que "pasaban los Reyes" había una buena y justificada zona de desconfianza.
Sin embargo, una vez ese día fue inolvidable para nosotros. Para mí al menos, que era más chica: tenía siete años. Día 5 de Enero, y habíamos enviado las cartitas una semana antes. Amaneció nublado y pesado... mis padres comenzaron a decir que si había tormenta esa noche, tal vez "los Reyes no pudieran llegar por el barro y por no poder ver la estrella". Yo quedé callada. Mi hermano Rubén, más práctico y conocedor, sugirió a nuestro padre: "-Y si vas hasta la tranquera en tractor, para ayudarlos, como cuando sacás las camionetas de vecinos que quedaron empantanados?"-
No hubo buena respuesta... o fue algo así como que nunca se sabía la hora del paso de los Reyes, y todos tendríamos que estar dormidos... algo de eso creo haber escuchado. En efecto, a la tarde se descargó el tremendo aguacero, pararon las maquinarias y regresaron a los galpones. Mi padre, con gran enojo, comprobó que una pieza importante se había quebrado, y decidió ir al pueblo mas cercano para que la reparen.
Fue anocheciendo, entre truenos, lluvia, relámpagos de tormentón de verano. Mi madre preparó la cena, ya tarde. Se asomó a la ventana y nos dijo: coman y a dormir pronto, que tal vez esta noche lleguen los Reyes!. Me parece que veo avanzar camellos desde allá lejos...
Corrimos hacia la ventana, y vimos dos luces potentes avanzar lentas...Pregunté: -"Si los Reyes eran tres, ¿Por qué se veían dos luces?" y mi mamá muy segura respondió:-"Son tres!... ustedes no los ven, pero este es el que va adelante, y con sus ojos ilumina a los otros dos"-
Justo en ese momento, un tremendo relámpago iluminó todo, y el reflejo rebotó contra esas dos luces fijas, quedando en forma de estrellas.... y eso era la prueba!. La estrella que los guiaba no se veía por la lluvia, pero relucía en los ojos de ese camello que avanzaba muy muy lento, con haces largos de luz hacia el cielo.
Nos fuimos a acostar dejando en la galería los zapatitos, agua y pasto fresco. El corazón acelerado, apretando los ojos sin que el sueño aún llegue. En tiempo breve, llegó mi padre, con su repuesto reparado ( porque lo escuchamos sentarse a cenar y conversar en voz baja con mamá) seguro que ella le estaría contando que los camellos se acercaban iluminando caminos con sus ojos llenos de potentes destellos .
La mañana del 6 de Enero, cuando tenía siete años, recibí de los Reyes Magos una hermosa bicicleta rodado 24, color verde metalizado (la que había pedido). Rubén recibió el Juego El estanciero, también pedido en su cartita.
Y DESDE ESE DÍA, CREÍ POR SIEMPRE EN LOS REYES MAGOS.
Porque vi los ojos gigantes de un camello convertidos en la Estrella que guiaba el camino, porque me trajeron lo que pedí ; y porque no habría edad adulta ni malas intenciones que me hagan al presente cambiar de opinión.
Sigo creyendo en los Reyes Magos...porque " hay una niña en mí que rehúsa morir". Frase increíble que adopté al leer el libro Senderos, de Liv Ullmann antes de los treinta años...
Y esa niña, lleva el recuerdo imborrable de un amanecer con la más hermosa sorpresa, cuando ya casi había perdido la fe en los Reyes. Y porque además nadie la hubiera convencido, ni a los veinte, treinta , cuarenta, y siguiendo... de que los Reyes son una fantasía.
Porque mucho más alucinante, increíble e inverosímil puede resultar imaginar siquiera a un hombre siempre ocupado, apurado, preocupado con intereses de trabajo y económicos. Un hombre - mi papá- que no nos podía abrazar porque no lo habían abrazado... conduciendo durante casi cinco horas entre ida y vuelta en el barro arcilloso y traicionero.
Entrar al atardecer de un día clave para el comercio y centro bahiense, con su camioneta embarrada hasta la capota, y estacionar en plena calle principal en una juguetería para comprar los regalos de acuerdo a cartitas que llevaba -ya arrugadas- en su billetera .
Un hombre cansado por muchos días del trabajo más intenso del año ( la cosecha) regresando ya de noche, con los regalos a su lado en el asiento para que no se mojen los envoltorios. Y llegando al camino de acceso, poner haciendo señas las luces altas para avisar a mi madre que nos lleve a dormir. Luces tan altas y potentes, que impedían ver el vehículo detrás, y por la lluvia que chocaba los faros, provocaba una difracción o distorsión, que la convertía en haces y destellos multiplicados casi estelarmente.
Cómo no creer en los Reyes Magos, si en ese mismo día, pudimos vivir la magia del regalo, ver unas estrellas que buscaban nuestra casa, comprobar que habían leído las cartitas, y en un cercano futuro de diálogos y evocaciones, descubrir que ellos -papá y mamá- también sabían mentir con simpleza y complicidad para vernos felices.
(©Nora Casali)

Hermosa evocación que dispara, en quienes vivimos esa fantasía, recuerdos eclipsados también como por las potentes luces del relato.
ResponderEliminarEstimo deben haber pasado varias veces más los Reyes por casa. Pero siempre tuve este recuerdo como hecho bisagra en mis emociones. Gracias por tu atenta lectura!
EliminarQue lindo! Me encantó! Pude imaginármelo como si estuviera allí!
ResponderEliminarMe alegra que me sigas. Y además te guste lo que has leído.
ResponderEliminarMe encantó el relato estamos cerca del campo que era de ustedes en Fra Pal
ResponderEliminar¡!Muchas gracias por leerme !!
EliminarDime tu apellido ?? Yo sigo teniendo allí mi campo !! Y la escuela . ..