TE CONOZCO? (por tres...)

TE CONOZCO?(por tres..)

                                                                         (©Nora Casali)

    Somos seres sociales, dicen. Pero más aún , somos seres curiosos, o atentos al entorno. Al otro, a lo que llama la atención, a lo que se sale de la rutina o reclama nuestra mirada.

    De vez en cuando, esa curiosidad se vuelve acción. Y entonces, intervenimos, ayudamos, preguntamos. Detenemos nuestro tiempo por otro ser del cual ni sabemos el nombre.

   Sólo puedo reflexionar, que a veces la vida  nos cruza con alguien como quien deja aleatoriamente caer una ficha en un tablero invisible. Y todo comienza con un gesto anónimo que, mucho tiempo después, quedará integrado a nuestra memoria. Ya no podemos olvidarlo. No siempre recordamos el nombre - ni haría falta conocerlo- pero a veces lo sabremos más tarde, casi " a destiempo"  de nuestras historias cruzadas fugazmente...

   Y son esos encuentros- que sin buscarlos- quedan pegados como una piedrita en el zapato. Inesperados, y dejando una marquita.

    Este relato trata de tres diferentes momentos, siempre en la vía pública, en que el azar me empujó hacia alguien que desconocía. Tres situaciones totalmente diversas; lo común entre ellas no fue la situación, ni el desenlace, sino el impacto que dejaron en mi alma. 

     Primer cruce de los que dejaron huella

     Debo acá establecer el contexto, porque fue un acercamiento lento y dificultoso, con prudencia y temor, y alguna ayuda del azar para iniciar el mínimo diálogo. 

     Llegaba yo de estudiar alguna Diplomatura  bianual, cada anochecer, previo a  la hora de cena con mis hijos. Recuerdo el auto que tenía en esos momentos, un Peugeot 505 francés, verde musgo metalizado, el único en mi ciudad, por lo cual inconfundible a quien lo viera pasar. (dicho de paso, el mejor auto- que amé -y que nunca superaron los siguientes) Era primavera, pero con muy bajas temperaturas de noche. Algunos días, incluso aún caían heladas al amanecer. 

    Dos cuadras antes de llegar a mi esquina, veía a una jovencita muy delgada, carita lavada, jean, y zapatillas blancas; siempre en la misma esquina, moviéndose y caminando para no pasar frío, como si esperara el micro. Parecía una joven de secundario, o algún año más. Nada llamativa, casi frágil y demasiado esbelta. Cuando no usaba pantalones, usando pollerita pude ver sus piernas como dos palitos. 

    Debía frenar en esa esquina por el semáforo, y ella me conocía desde lejos por el auto. Comenzamos a saludarnos...

      Comprando en la carnicería en diagonal a esa esquina de Donado Y Brunel, una de las mañanas,  pregunté al carnicero por esa jovencita, que parecía pasar frío y no dejaba de estar allí cada noche: -"NO TE METAS"- me dijo.. la están vigilando, no creas que está sola, está trabajando.. Me causó tremenda sorpresa, saber que era una prostituta, con esa apariencia nada provocativa, con sus zapatillitas y hebilla en el pelo como usaban mis hijas.

      Casualmente yo había hecho un trabajo de Investigación Periodística, para una revista cultural que titulé "Moretones en el alma", donde abordaba todos los tipos de violencia doméstica, madres menores de edad, personal doméstico en negro y casi en esclavitud, maltrato en trabajos varios (mobbing) por ser mujeres; abuso de niñas, violencia de maridos, padres, hijos y novios. Y desde luego, la prostitución con su secuela en riesgos de salud, de vida y de discriminación.

     Indagué un poco más al carnicero, porque yo sólo quería acercarle un plato de comida en noches frías, o un sándwich, o café. Me repitió que no me metiera.. la policía controlaba cada auto que paraba y cada contacto que establecía, aunque nadie los viera estacionados.

    Pero hubo un encuentro providencial en el Súper del barrio. Estando en la fila de las cajas, me di cuenta de que esa chica delante mío me resultaba conocida. Se dio vuelta y me miró con timidez. Su palidez y pecas me asombraron: parecía tener no más de quince años! y era evidente que no veía seguido la luz del sol. Le dije que la ubicaba de la esquina de calle Donado, y que más de una vez me había querido detener, pero no sabía si eso podría perjudicarla.  Me miró como no entendiendo nada, y le aclaré: "-Sólo me gustaría llevarte algo caliente, porque te veo tiritar y a los saltitos. Puedo??". Ella había pagado su pequeña compra, y se alejaba.. dijo solamente -"Pasa que a veces tengo que irme,  gracias igual".

      Haber hablado en persona, redobló mi deseo de que - de alguna manera - supiera que contaba conmigo en algo. Verla fue tener adelante una jovencita desvalida... nada más lejano de las imágenes conocidas de prostitutas de otras calles, y las del imaginario popular.

      Seguimos saludándonos al pasar yo de regreso a casa; una noche frené, y bajando el vidrio, le dije que había dejado la comida lista y antes de entrar el auto, le acercaría un sándwich de milanesa calentito. Asintió con mucha vergüenza. No nos habíamos ni preguntado el nombre...

        Fui a casa, pusimos la mesa, calenté las milanesas, armé el sándwich y cuando hice dos cuadras  para volver a su esquina, ya no estaba...Justo habría pasado  "un cliente". Guardé el auto,  cené con mis hijos, y "mañana sería otro día". Ya había roto el hielo, y me alegraba.

    No nos habíamos presentado.

    Pero a la mañana siguiente supe su nombre...

    Viviana Aguilera.

    En la portada del diario del 17 de Octubre de 1997 con grandes titulares, informaban que  en la madrugada había aparecido estrangulada Viviana Aguilera, prostituta de profesión... (con la foto en el basural donde la encontraron) Le reconocí la camperita corta y la carterita de la noche anterior.

    Terrible sensación en la boca del estómago. ¿O en el corazón ? 

    Se llamaba Viviana Aguilera, tenía 26 años, y ejercía la prostitución para enviar dinero a un pueblo cercano, donde le criaban una hijita de cuatro años. Poco por decir, conmoción en toda la ciudad, la policía sospechada...

    Pintaron su nombre en esa esquina por años. No hay vez que yo pase por allí, que no la recuerde y salude mentalmente. 

   Segundo caso de encuentro en la calle:

    Este hecho sucedió luego del año 2004, en un día tremendamente ventoso. Esos vientos huracanados que tiran árboles, carteles, cables. Tenía aún abierto el portón de garage, tras sacar el auto (de otra marca ese año) y noté que realmente las ráfagas eran de furioso vendaval... Un anciano que venía pedaleando esforzadamente contra el viento por la calle lateral, se balanceaba en su bicicleta a punto de caerse.

    Yo había ya cerrado todas la hojas del portón, enfilé hacia la  esquina, donde por haber un edificio muy alto y angosto, se convertía esa intersección en un ojo de huracán literalmente. El anciano, al ingresar en ese cruce de calles, se bajó de la bici... iba caminando,  sujetándose de ella y agachando la cabeza para evitar tierra o partículas dañinas en los ojos.

   Frené a su lado y le dije que si su bicicleta cabía en el baúl, yo podía llevarlo a destino. El día no era para estar a la intemperie. Abrí el baúl y acomodamos el rodado con la mayor rapidez. Me llamó la atención el canastito delantero, todo cerrado y tejido con cuadraditos de colores de tejido al crochet.. Le abrí la puerta del acompañante, dudó antes de sentarse.."- Voy así, con ropa de trabajo" dijo .. 

  -"Muy bien!- respondí- yo también voy con ropa de trabajo"- (iba a cumplir mis horario de profesora). Pregunté adónde se dirigía, y me indicó un banco en el centro y un negocio de lanas cerca: iba a cobrar la jubilación, y a dejar el trabajo semanal de su señora - casi inválida- de tejidos a mano.

    Lo ayudé a bajar la bicicleta en el destino, me agradeció y seguí rumbo a la escuela. No nos presentamos...No hacía falta...El viento nos vinculó sólo por unos instantes.

     Semanas más tarde, escuché por radio de un accidente grave, donde al abrir alguien la puerta de su camioneta, tiró sin verlo a un ciclista anciano, que fue arrollado por el vehículo que venía detrás. Tuve un presentimiento...luego me olvidé. 

    Esa noche, mirando el noticiero local en televisión, pasaron el accidente y el nombre del fallecido:(creo recordar hoy, "Gabino García") La bicicleta arrugada como si fuera de papel: el canastito de tejidos al crochet, desprendido y aplastado en el cordón de la vereda,

    Se llamaba Gabino García... pero ese día nadie le estaba prestando atención.

    Tercer cruce en la vida, y en la calle:

    Tardecita de viernes, en verano bahiense: mucho movimiento en la ciudad. Iba en auto rumbo a casa, con una prima con quien pasaríamos el fin de semana.

     Debía cruzar la Avda. Colón. Arteria de gran circulación de doble mano, y bastante velocidad. Esperando en un semáforo multidireccional, veo en la vereda del otro lado de la avenida a un sr. ciego, con su bastón blanco, detenido y esperando. Observé que bastante gente pasaba a su lado, apurada para cruzar la calle. Ninguno lo ayudaba o asistía. 

    Cuando llegó mi turno avancé, y al terminar de cruzar, arrimé a la acera, puse balizas, y le pedí a mi prima que me espere un minuto.

    Me acerqué al ciego, y le ofrecí mi brazo para que se tome. (Sabemos que no hay que tomarlos a ellos). Le fui advirtiendo sobre vehículos que se aproximaban y una pausa en el carril central. El ruido de la avenida era de tránsito incesante y veloz. Por conversar un poco, le pregunté si iba lejos, si siempre debía cruzar esa avenida, y algún comentario más...

      Su rostro muy sereno, atento y con leve sonrisa, cabeza en alto. Cuando subimos a la vereda segura, le digo que ya podía seguir solo.

      Se aferra a mi brazo y me dice:

     -"Esperá.. yo te conozco!"-

     Lo miro asombrada, y le digo: 

    -"Perdón?? Yo nunca lo he visto en mi vida"..

     -Estoy seguro!. Vos te llamás Nora?-

           Era como una broma rara...No tenía ningún amigo ciego, ni familiar; es más, yo lo estaba mirando y era un ser absolutamente desconocido. Miraba mi auto con  las balizas del otro lado de la avenida, y pensaba que esta situación no parecía real. Para poder irme, pregunté muy astuta: 

   -Y de dónde cree recordarme?.- Su sonrisa iluminó  todo el el sector: -"Por tu voz!!... he escuchado muchos libros técnicos y de arte, con esa voz"-Audio, de Nora-

    Quedé paralizada.. y empecé a reírme junto con él. Nos abrazamos, y fue una momento increíble. Hacía años había grabado innumerables casetes leyendo en voz alta libros de  literatura, arte, técnicos, jardinería, arte culinario. Cuando no existía audiotexto ni internet, ni nada fuera de la lectura punteada para ciegos. Colaboraba con el Centro Braille de ese modo, sin poder imaginar quién escucharía las grabaciones.

     Y acá tenía enfrente a un "oyente" de mis lecturas por horas.

     Nos abrazamos de nuevo riendo mucho por semejante coincidencia... y volví a cruzar la calle sola, luego de revelarle uno de mis evidentes secretos: Yo nunca podría hacer una amenaza telefónica, porque a los diez minutos estaría detenida: mi acento peculiar y mi seseo son inconfundibles!! Y LA PRUEBA ESTABA A LA VISTA!!

     En este caso, quedé sin saber su nombre. Pero él sabía el mío  desde mucho tiempo antes de habernos conocido...

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    Suelo imaginar que esos breves cruces fueron como cuando un tren frena un segundo en una estación pequeña: nadie sube, nadie baja, pero algo cambia. El aire se mueve, se intercambian miradas, y la vida continúa...

    Claro que no supe, en ese momento que dos de esas personas, estaban cerca del final. Enterarme me dejó un temblor en el pecho, por repensar lo frágil que es todo...Porque esas escenas mínimas - que parecían no significar nada más que un instante entre extraños- terminaron siendo - tal vez- uno de sus últimos recuerdos.

    Durante un tiempo me perseguía la idea, de que si yo hubiera estado nuevamente allí, hubiese evitado lo que vino después...

    Pero aprendí que no era así: que hay caminos que siguen su rumbo, aunque los toquemos apenas: y que lo mío no era torcer el destino, sino tal vez un descanso en su trayecto, un banco a la sombra en medio del calor, una intención que alivió sin saber cuánto.

    Elijo pensar que  mi presencia dejó una sombra amable en sus historias; ellos, indudablemente enriquecieron mi vida con estas reflexiones.

    Y  me vuelvo a sorprender: no sabía sus nombres, como si la vida me hubiera presentado el juego al revés: primero el efímero encuentro, el triste final y luego, la ficha que cae!

    Recién después, supe quiénes eran...

    Después, cuando ya no estaban...

    O cuando la carcajada de un simpático ciego quedó colgada en nuestros dos rostros, como una bufanda olvidada en la Avda. Colón.

    Y entonces, entendí.

    Que hay encuentros que no piden permiso, ni nombre, ni historia.

    Sólo se requiere que estemos, que no pasemos de largo...

    Que seamos - aunque sea por un instante- una chispa de humanidad.

    Me gusta pensar que estuve ahí- en cada encuentro- para eso. No como alguien especial: simplemente, como alguien que no siguió de largo.

                                                                              (©Nora Casali)

                  

https://www.lanueva.com/nota/2017-5-29-8-0-0-muerte-de-viviana-aguilera-un-crimen-impune-y-una-trama-oscura





Comentarios

  1. Qué "sagradas" vivencias. Gracias por compartirlas!

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    1. Temas sensibles. Recuerdos imborrables! gracias por leerme, Viviana!

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  2. Es genial cómo con tus cuentos uno puede viajer y ver todo lo q describiste. Gracias Nora por compartir algunos de tus cuento.

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    1. Es un gusto!! Escribir siempre fue mi "nadar en el agua"; ahora, al compartir, disfruto además de estas devoluciones. Mil gracias!

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  3. Me encantan tus descripciones, todas!
    En los dos primeros casos, quede impresionada, y el tercero me generó mucha emoción. 🥲

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    1. Gracias!. Sos lectora constante y atenta. A mí me sigue emocionando hasta las lágrimas el primero, porque fue una verdadera conmoción en su momento.

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  4. Me encantan tus descripciones!! Te regalo mi vestido, es una respuesta genial!!!

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    1. Viste?? Me parece una reflexión que aplica a muchos terrenos de nuestra vida.

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  5. Se corre el riesgo de no poder superar la adjetivación elogiosa, y no por ser amable o correcto en la devolución sino porque vas batiendo tus propios records al ir elevando cada vez más una imaginaria vara que pone muy en alto el sentido de tus textos...

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    1. Sólo agradecerte, por considerar calificado tu juicio. Y no lo tomo como récords, supongo estoy con buena memoria y hay una porción de inspiración al decidir cómo organizar esos recuerdos.... Sobre todo, amo escribir, y creo que se nota!

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  6. Que encuentro increíble el último!! Me encanto!!

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    1. Sabía que te iba a gustar!. los otros son más tristes....

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  7. Me envolví en cada descripción, siento que los conocí a los tres. Gracias por compartir ésto. Pensaba...y si todos nos de tuvieramos a mirar con el corazón, como lo hiciste vos?. Cuántas cosas podrían ser diferentes, cuántas historias quedarían escritas....Simplemente me encantaron Nora.

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    1. Pienso como vos Mely: poco podemos hacer , pero ese poco debemos hacerlo. No hay que ir lejos, desde luego!...con observar a nuestro alrededor, alcanza y sobra. Gracias por leerme siempre!!

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  8. Hermoso, má! Recuerdo, más que nada, que nos hablabas de "la chica flaquita" que pasaba frío todas las noches en esa esquina. Y de su triste final.
    Qué importante no pasar de largo y detenerse, aunque sea un momento, a compartir un tramito del camino de quien pueda necesitar nuestra presencia. Especialmente en estas épocas oscuras en las que el "sálvese quien pueda" parece ganarle a la empatía y al compromiso social.
    Te quiero mucho, mucho.

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    1. Ay!! me emociono...porque ustedes fueron testigos de estos hechos. Y sigo atenta a necesidades de cercanos. La realidad es que hay temores -por inseguridad hoy- de abordar a desconocidos, y viceversa. Pero saber que mis hijos llevan con sus actos esa filosofía de "no pasar de largo", me reconforta. También te quiero mucho. Y te agradezco tu insistencia para que abra el Blog!!

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